Cambios en el SRAD: nuevas reglas para una asignación más eficiente del servicio

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La CNMC ha aprobado una modificación parcial del Procedimiento de Operación 7.5, que regula el Servicio de Respuesta Activa de la Demanda, conocido como SRAD. El objetivo de esta actualización es claro: mejorar la eficiencia en la asignación del servicio, reforzar la competencia en las subastas y evitar que determinadas ofertas puedan elevar de forma excesiva el coste total del mecanismo.

El cambio llega en un momento en el que el SRAD ha ganado madurez. En las últimas subastas se ha observado una mayor participación, más volumen de oferta disponible y una presencia creciente de ofertas competitivas. Sin embargo, la subasta celebrada el 28 de noviembre de 2025, para la prestación del servicio durante el primer semestre de 2026, puso de manifiesto una situación llamativa: pese a esa mayor competencia, el precio resultante fue sensiblemente superior al de convocatorias anteriores y el coste total del servicio alcanzó niveles máximos.
Ante esta situación, la CNMC ha introducido ajustes en el mecanismo de asignación para evitar que una pequeña cantidad de potencia ofertada a un precio elevado pueda condicionar el coste de todo el servicio.

La principal novedad: tolerancia al gradiente del coste

La modificación más relevante es la incorporación de una tolerancia al gradiente del coste del servicio.

Dicho de forma sencilla: en una subasta marginalista como la del SRAD, todas las ofertas asignadas se retribuyen al precio marginal resultante. Esto significa que, si para cubrir una pequeña parte adicional del requerimiento entra una oferta más cara, esa oferta puede acabar elevando el precio que se paga por todo el volumen asignado, no solo por ese tramo adicional.
Con la nueva regulación, una vez realizada la asignación inicial, el Operador del Sistema podrá valorar si compensa aceptar ese volumen adicional o si, por el contrario, su inclusión encarece demasiado el conjunto del servicio en relación con la utilidad que aporta al sistema.

En la práctica, esta tolerancia permitirá evitar situaciones en las que la adjudicación de una cantidad reducida de potencia provoque un aumento relevante del coste total del SRAD.

Qué cambia en el proceso de asignación

El apartado 7.3 del P.O. 7.5 se modifica para incorporar esta nueva tolerancia dentro del proceso de asignación de ofertas.

El Operador del Sistema seguirá validando las ofertas recibidas y asignando aquellas que permitan cubrir el requerimiento establecido al menor coste posible, respetando el precio máximo y el presupuesto máximo aplicables.

También se mantiene una condición importante: el volumen de potencia con oferta válida debe superar en al menos un 20 % el requerimiento publicado. Esta exigencia busca garantizar una competencia efectiva en la subasta. Si no se cumple, el Operador del Sistema reducirá el requerimiento hasta alcanzar esa relación.

La novedad está en el paso posterior: tras esa primera asignación, se analizará si debe aplicarse la tolerancia al gradiente del coste. A partir de ahí se determinarán la asignación final y el precio marginal resultante.

Menos información publicada para proteger la competencia

Otro cambio relevante afecta a la publicación de información tras la subasta.

Hasta ahora, el procedimiento contemplaba la publicación de las ofertas presentadas. Con la nueva redacción, el Operador del Sistema publicará únicamente las ofertas asignadas.

La CNMC justifica esta modificación por razones de competencia. La publicación completa de la curva de ofertas podría facilitar determinadas estrategias de precio en futuras subastas, especialmente en un servicio como el SRAD, donde el proceso de asignación tiene un horizonte más largo que otros productos de balance y donde los costes pueden variar de forma significativa según el tipo de consumidor.

El objetivo, por tanto, es mantener transparencia sobre el resultado de la subasta, pero sin facilitar información que pueda utilizarse para encarecer el servicio en convocatorias posteriores.

Qué lectura deja esta modificación

Esta actualización confirma que el SRAD está entrando en una fase de mayor madurez. Ya no se trata solo de fomentar la participación de la demanda, sino de asegurar que esa participación se produzca con reglas eficientes, señales económicas adecuadas y competencia real.

Para los grandes consumidores, agregadores y agentes interesados en participar, el mensaje es claro: el SRAD seguirá siendo una oportunidad, pero también será un entorno cada vez más exigente.

Participar en este tipo de servicios requiere conocer la flexibilidad disponible, entender cuándo puede activarse, cómo afecta a la operación de la instalación y qué capacidad real existe para responder cuando el sistema lo necesita.

El papel de la medida en este nuevo contexto

Aquí es donde la medida y las comunicaciones cobran importancia, no como un elemento accesorio, sino como parte de la preparación técnica necesaria para participar con garantías.

Para poder poner flexibilidad a disposición del sistema, una instalación necesita saber con precisión qué consume, cómo se comportan sus cargas y qué margen tiene para modificar su demanda sin afectar a su actividad. Además, debe contar con datos fiables y comunicaciones adecuadas para que esa capacidad pueda gestionarse, verificarse y mantenerse en el tiempo.

En servicios como el SRAD, la flexibilidad no puede basarse en estimaciones genéricas. Debe apoyarse en información real, trazable y operativa.

Por eso, contar con una solución de telemedida preparada para entornos de flexibilidad permite a consumidores, centros de control y agregadores disponer de una base técnica sólida para analizar la participación en el servicio, operar con mayor seguridad y responder a las exigencias del sistema eléctrico.

Un SRAD más eficiente exige participantes mejor preparados

La modificación del P.O. 7.5 busca corregir posibles ineficiencias en la asignación del servicio y limitar situaciones en las que una pequeña parte del volumen adjudicado pueda encarecer el conjunto del mecanismo.

Pero también deja una señal de fondo: a medida que el SRAD evoluciona, los participantes deberán estar mejor preparados técnica y operativamente.

Para los consumidores con capacidad de flexibilizar su demanda, esta evolución puede representar una oportunidad. Pero aprovecharla requiere algo más que voluntad de participar: exige datos, control, comunicaciones y una visión clara de la capacidad real de respuesta de cada instalación.

En ese punto, la telemedida no es el centro del cambio regulatorio, pero sí una pieza necesaria para convertir la flexibilidad potencial en una capacidad gestionable y verificable.

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